La cuktura de izquierdas se forjó tanto en la práctica como en el pensamiento. La acción transfornadora o revolcuionaria nunca fue ciega sino guiada por una doctrina o una teoría emancipatoria de la cual anarquistas, socialistas y comunistas estaban orgullosos. La conquista de la calle y la difusión del libro iban de la mano. Reunir grupos de afinidad anarquista o crear centros socialistas significaba fundar bibliotecas y editar folletos, periódicos y revistas. Anque hoy nos resulte anacrónico, el libro fue objeto de censura, confiscación y destrucción porque contenía horizontes de liberación. Todas las fuerzas de la izquierda repitieron aquella máxima de raíces ilustradas: los libros nos harán libres.