La tierra da vida y la renueva. Su poder regenerador es latente e inescrutable, creador y paciente. Esa potencia de vida se puede apreciar y aprender en la jardinería. Más que una técnica, el cultivo de las plantas brinda reconocimiento a esa excelsitud telúrica. La jardinería se convierte en un arte donde se practica la meditación y se ejerce la plegaria en una reivindicación de la perdida unidad original de culto, cultivo y cultura.
Entre la filosofía, la espiritualidad y la poesía, la lectura de estos textos hace tomar conciencia de la floresciente belleza del planeta, lleno de singularidad, magia y misterio.