Oprimidos, pero no vencidos resume las luchas campesinas, qhechwa y aymara, desde 1900 hasta 1980. En su cronología, esta lógica de la rebeldía supone no sólo un permanente proceso de activa resistencia sino, además, contempla la construcción intelectual de un horizonte histórico cuyo sentido vence los límites de lo que ha ido siendo el Estado boliviano; gracias a un mirar hacia atrás que también es un ir hacia adelante: ñawpax manpuni. Este horizonte histórico que se puede figurar como un doble código detrás y junto a las acciones campesinas llega a tener hoy en día, según Silvia Rivera Cusicanqui, dos estratos de referencia complementarios, dialécticos, a menudo antagónicos uno, el de la memoria corta, referido a la insurrección popular de 1952 y posteriormente marcado por la Reforma Agraria y otro el de la memoria larga, referido a las luchas indígenas anticoloniales y que se simboliza en la figura de Tupak Katari.