La edad terrible" es un inventario sin seriar. Un inventario caótico y conectivo de todo lo que puede guardar un armario. Ese armario del que hay que salir para poder reconocerse: tocando, en el propio cuerpo, el cuerpo de las otras que nos hicieron; o al que hay que entrar, para conocer antiguos lugares sin realidad: selvas habitadas por una animalidad inefable, playas repletas de sal y deformidades oceánicas. Y ropa, adorable ropa: intensas faldas de colegiala, dolorosos cinturones finitos, sacos de un color anaranjado rabioso. Sobre todo, recuerdos familiares: historias imposibles de narrar en líneas temporales, historias que sólo llegan a nombrarse en la superposición, en las fricciones, la multiplicación o los desdoblamientos. Historias rítmicas que pueden apenas tener dos destinos: el sueño o la poesía. (Cecilia Perna)