Cuando hablamos y nos escuchamos unas a otras, vamos conectando la línea de puntos. Despertamos la conciencia de que ningún dolor vale más que otro. Sabemos que es tan válido tomar las calles como replegarse en la cueva. Que es tan necesario el grito como el silencio. Este pulsar sin dogmas ni mapas entre lo personal y lo colectivo, pide mucha generosidad, mucha potencia creativa, para deshacerse y rehacerse. Los puntos se conectan en muchas direcciones, en muchos planos. Nos reconocemos y sabemos que es enorme la tarea.