Este ensayo persigue dar una respuesta a las tendencias actuales del aislamiento digital, la soledad y la ruptura de los lazos colectivos. Para ello, propone que existe un triángulo de dominación contemporánea: el triángulo del individualismo. Tres vértices sobre los que presiona el sistema para que emerja un egocentrismo total: el selfie (la soberanía del Yo en un mundo color pastel de Instagram), la tiranía de la positividad (dictadura de las sonrisas) y el tiempo (su aceleración y disolución). Ante este triángulo, se opone el círculo de la comunidad: el círculo propuesto como figura geométrica perfecta, de los iguales y libres.