Como en una mesa de disección, Nostradamus tiende el tiempo sobre su escritorio. Es un tiempo animado, como solo él sabe oír y observar, donde futuro y pasado coexisten. En dieciocho estampas, César Aira ejecuta con su gracia inconfundible variaciones sobre la juventud y la vejez, la vocación y el oficio, la fama y la eventualidad hogareña, la poesía al servicio de la clarividencia.