Francisco de Hoyos nos presenta un relato que cumple lo que promete: arrancarnos una sonrisa.
Estas páginas no solo son las reveladoras memorias de sus aventuras eróticas, sino también un recuento de la vida cultural, social y política de la Ciudad de México, a lo largo de ocho décadas.
Evoca también sus empeños para la realización de sus inquietudes artísticas, fundando una galería para pintores jóvenes, así como su incursión en la dramaturgia, al mismo tiempo que va refleiando las transformaciones y luchas de la comunidad homosexual con un tono osado y divertido.
Considero valioso el término recordar, del latín recordari, formado por re de nuevo y cordis corazón.
No solo implica tener a alguien presente en la mente, sino también en el corazón y en el cuerpo entero.
Enhorabuena por esta obra que, sin duda, aportará luz a quienes busquen documentar una época de la sexodisidencia y de una ciudad que ya sólo existe en la memoria.