Ese es el pecado de Chaco, esa su incorrección política: mostrar a nuestros abuelos tal y como fueron en la guerra, sin los adornos propios de la literatura cómoda, revolucionaria y nacionalista.
WILMER URRELO
Nunca había leído un alegato antibélico tan contundente. Este libro nos sumerge en el horror de la guerra, nos funde con el centro del sol y nos licúa durante kilómetros en la búsqueda de agua o de un enemigo que parece invisible. En las páginas de Chaco los aguarrás guazú persiguen el rastro de sangre de los soldados de ambos ejércitos mientras el relato avanza en espiral hacia el fin de cualquier conflicto armado: la ruina y la destrucción.
GABRIELA ALEMÁN