La pregunta fundamental que asoma tras leer este ensayo -y que a mi parecer también resulta su pregunta eje- es cómo vivir. Leemos aquí el tejido de una vida en su trama; leemos su coherencia, sus debilidades, sus obstáculos. ¿Cómo funciona la vida?, nos preguntamos, ¿cómo se elige una vida? No es extraño que García Valdés entreteja con el nombre de Teresa otros nombres, otras vidas, que como ella construyeron y se construyeron a pesar de las dificultades: sor Juana Inés de la Cruz, Emily Dickinson, Rosalía de Castro. No es extraño tampoco que algo de la propia vida de García Valdés se filtre en estas páginas a modo de diario -de reflexión e introspección, de rememoración de amistades, de encuentros y de pérdidas. En estos recorridos que realiza la poeta asturiana pasan muchas cosas, pero, sobre todo, se intenta captar la presencia: la presencia de aquellos, aquellas, que ya no están, presencias que antes fueron cotidianas. Y también, esa otra presencia que ronda todas las páginas del ensayo, la de Teresa de Jesús, que se escabulle y que García Valdés logra asir ahí donde solo podía estar: en "la celda de su enfermedad". "Ahí detrás estaba ella. Solo ahí", anota la poeta. Ahí, donde hubo cuerpo, hay presencia; entonces, hay que guardar todos los cuchillos, toda arma cortante... Si la lectura supone siempre el encuentro entre un yo y un tú, este libro propiciará con seguridad otros encuentros, hará posibles otros diálogos, incitará a romper las barreras, a no adherir ni claudicar, a seguir pensando con lucidez en ese viaje -áspero y hermoso a la vez- que llamamos vida. Tania Favela