«Pero tengo que recalcar que el salón de belleza no es un hospital ni una clínica, sino sencillamente un Moridero.» Casi como un ensueño. Como un homenaje. Como un testimonio a las cientos de miles de víctimas. Como un acto de amor. Como advierto que es trágico que alguien dedique la vida a contemplar a unos perros correr por el bosque. Viendo a esos canes el autor seguro rememora la prueba por la que debió atravesar su propia madre. Al regresar a su ciudad de origen hubo de mostrar a los suyos que el hijo que ofrecía era víctima de un síndrome particular. Esa criatura se trataba de un ser deforme. ¿Será a caso la misma madre que el personaje de Salón de belleza dejó abandonada en el hospital? Aquello se encuentra dicho en alguna de sus páginas. -Mario Bellatin