Sustitución de los abogados por robots, desaparición de los notarios, resolución de los conflictos en línea, justicia predictiva, estado civil controlado por la blockchain, generalización de los contratos en bitcoins que escapan a todo control (y a todo gravamen): lo digital no deja de conmocionar a la justicia preocupando a unos y entusiasmando a otros.
Más que proponer un balance de estas innovaciones, necesariamente prematuro, este libro intenta situar el epicentro antropológico de una deflagración provocada por la aparición de una nueva escritura que sin lugar a dudas es preciso designar como una revolución gráfica. La justicia digital alimenta un nuevo mito, el de organizar la coexistencia de los hombres sin terceros ni ley por un mero juego de escrituras, a riesgo de olvidar que el hombre es un animal político.