Desde hace algún tiempo la etología se ha abierto a un enfoque más heterogéneo que el que limita su campo al comportamiento animal, pudiendo ser redefinida como el estudio de la dinámica de los agentes en entornos en trasformación constante (D. Lestel). Tal como ocurre con los estudios multiespecies y las antropologías más allá de lo humano, se trata de no limitar el contagio ontológico a la hora de tomar en cuenta las historias compartidas y de ampliar los horizontes para pensar las comunidades híbridas humanos/otros que humanos.
En ese marco, la historia de la domesticación aparece como un aspecto central y este libro indaga sobre uno de sus efectos más singulares: la irrupción de un animal arquitectónico o animal de ladrillo que surge como efecto metabólico de los espacios habitados por seres humanos y donde se han tempranamente entrecruzado la vida inorgánica y la vida artificial. A su vez, este organismo nos lleva a explorar una experiencia arquitectónica relacionada con la vida no biológica, tanto como el alcance de la idea de que lo vivo debe exteriorizarse en soportes inorgánicos para poder preservarse; problema del organismo extendido, podríamos decir, que irradia en direcciones múltiples: desde las teorías de la desagregación y las homeomerías de la filosofía preplatónica, al perspectivismo y las apuestas por la extraña extrañeza de la OOO, pasando por el prototipo cristiano y la cibernética. Trasfondo de ecología oscura que hacemos gravitar en una etología oscura.