Algo en este libro se instala en el cuerpo antes de encontrar las palabras para nombrarlo.
Al atravesar sus páginas, la lectura deja de ser un ejercicio mental y se filtra hasta la materia. El texto penetra en los huesos, en la respiración, en los sentidos. Algo se desplaza. La percepción cambia de lugar. El lector ya no es testigo mudo; se vuelve gato, silencio, rincón, sombra, vacío.